2 ene. 2020

Encuesta de fin de año (2019)

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Para La vida útil

Una película: Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler). Se trata de una rareza absoluta en el panorama actual del cine estadounidense. Zahler coquetea con el cine de explotación pero a la vez está cerca de Jean-Pierre Melville, que en sí mismo fue otra rareza.Escribí algo sobre esta película.

Una canción: “Turning my life around” de Anna and the Apocalypse (John McPhail). La película figura como que es de 2017, pero recién llegó a estrenarse en varios lugares este año.

Un doble programa: Es un doble-doble programa. En un caso es por complementariedad, en el otro por respuesta (o auto-respuesta).


Once Upon a Time in Hollywood (Quentin Tarantino)
The House on the Edge of the Park (Ruggero Deodato, 1980)

Tarantino ejecuta en su última película, entre otras cosas, una historia de los antecedentes del cine de explotación. La masacre en la casa de Rick Dalton debería leerse en el código de algunos de sus hitos como The House on the Edge of the Park. No por su inversión histórica, que mucho no tiene que ver, pero sí por el lugar que le termina quedando al personaje de Cliff. Mucho en Tarantino termina siendo la historia de aquel que se mete en lo carnal como si fuera el trabajo sucio (doble) de lo que brilla y es bello. Tarantino es el intento de generar una autoconsciencia de la explotación, aunque algo a destiempo (Out of time). Deodato hizo eso tempranamente con sus dos mejores películas: Cannibal Holocaust, y The House on the Edge of the Park, ambas de 1980.

The Irishman (Martin Scorsese)
The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2014)

En este caso es una respuesta. Con The Irishman, Scorsese responde a la irreverencia de este otro film anterior, en el que la tragedia es la de un sinvergüenza, y la puesta en escena es la descripción desjerarquizada de su devenir obsceno. A una película narrada en clave de Goodfellas pero que caía en una jocosa misantropía se le responde con otra narración similar, donde la puesta maneja un camino parecido, pero con seres humanos, y con un catolicismo más sentido que cerebral.

Este año me di cuenta que…: Es el año de las segundas películas de varios directores que hicieron películas de terror que detesté, con alguna excepción. Se trata de Jennifer Kent, David Robert Mitchell, Robert Eggers, Ari Aster, Jordan Peele. Con eso vienen algunas confirmaciones, y también decepciones. Peele es el que decepciona, porque había podido contar algo. Desde Get Out tenía dos caminos posibles, la alegoría o el género. Eligió la alegoría. Mitchell confirmó, fuera del terror, la forma vacía. Pero en el resto hay una tendencia particular. Eso que varios llamamos “terror fino” se termina de, justamente, afinar y me di cuenta de lo siguiente: se trata de realizadores que se dedican a construir caminos hacia donde uno no quiere ir, o nadie. Hacia la degradación, hacia la descomposición, hacia la angustia y la miseria. En Midsommar, Aster desarrolla y desglosa el grito de angustia y miseria (que ya venía desde Hereditary). En The Lighthouse, Eggers, desarrolla un proceso de locura y descomposición. Lo que tienen en común es que ambos se centran en la construcción, porque probablemente se vean a sí mismos como finos diseñadores de puentes. Alguien le está haciendo creer al público que el terror debería ser eso, que nos lleven a donde no queremos, que sintamos la angustia, la miseria, la descomposición como si fuera una entidad aparte, separable de un estado de organicidad y sentido. En términos más fotográficos que críticos. Entre todas las posibilidades que arman, terminan en el peor escenario posible. “El peor escenario posible” parece ser la nueva idea dominante, es lo que destaca, lo remarcable, lo festejable. Una combinación extraña porque es una lectura parcial del cine como un arte “sentido”.

Un texto: “Notas sobre Mizoguchi” por Angel Faretta (A Sala Llena)

Un fotograma: Plano final de Crawl (Alexandre Aja). Es la síntesis. Hay un doble gesto simultáneo, el pedido de ayuda y el triunfo. La cámara es la subjetiva del padre, su mirada, que perdió el brazo con el que la levantaba, pero sobre él cae ahora la sombra de su hija iluminada.

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La promesa del 2020: S. Craig Zahler, definitivamente. Con Bone Tomahawk y Brawl in Cell Block 99 incluidas. Como mencionaba antes, Zahler es maestro a la hora de combinar género, explotación, y determinismo puro. Un solo plano de Zahler es un oasis dentro del desierto de ideas del Hollywood liberal de hoy.

Película testamento: Scream 4 (Wes Craven). Wes Craven se fue dejando otra de sus películas abiertamente reflexivas, pero que al mismo tiempo son tremendamente divertidas. Si ya Scream fue intertexto, en la cuarta parte se encarga de dialogar con su intertexto, pero nunca cayendo en la mera masturbación cerebral. Scream 4 es otra terrible película de Craven sobre el oscuro proceso de banalización del mal, que se acelera cada vez más al paso de las generaciones. A su vez, la película es también un duelo cinematográfico entre la versión original y su remake imaginaria, y lo hace oponiendo a su grupo de personajes con uno nuevo, que acecha amenazando con el reemplazo. La secuencia de Emma Roberts automutilándose probablemente esté entre las más inolvidables de la década.

Película maldita: Domino (Brian de Palma). Sobre esta película me explayé en la nota que escribí para el número 2 de esta revista. “Eso tan preciado que algunos llaman libertad creativa”. Está en la edición impresa y replicado en mi blog.

Brian De Palma es uno de los grandes ninguneados del establishment del cine internacional, pero al mismo tiempo parece ser el único capaz de poner en escena las cuestiones más punzantes de la contemporaneidad. En Domino, De Palma trabaja con el terrorismo internacional como elemento necesariamente subyacente al mundo hipernormalizado y bienpensante. Arma el tejido, une los hilos, desnuda a ese caos para luego enfrentarlo. Para muchos esto fue otro compendio estético de sus marcas autorales, cuando en realidad De Palma sólo plantea que la marca de autor ya no pertenece al mundo del cine, sino al mundo de los videos de cabezas cortadas. Parece que esa es una verdad difícil de tragar.

Flautazo: Alita: Battle Angel (Robert Rodriguez), pero probablemente sea por responsabilidad de Cameron que la produjo y participó del guion. Pero tampoco diría que es una gran película, pero es una en la que Rodriguez parece haber entendido algunos problemas sobre la conquista del poder en el marco de una lucha.

Una escena de la década: La muerte de Joe Pesci en The Irishman. Sólo voy a decir que es desgarradora. A pesar de tener un rostro digital, Pesci es realmente un hombre a punto de morir, que se aleja en silla de ruedas mientras lo llevan a la capilla de la cárcel. En la capilla parece resolverse todo, y al personaje no lo vemos más.

Song Kang-ho A Taxi Driver

Un intérprete de la década: Song Kang-ho. Muchos lo recordarán por Parasite, que si no lo tuviera a él tal vez no sería nada, o muy poco. Su mejor actuación de estos años la vi en A Taxi Driver, una película que pasa casi esquizofrénicamente de la comedia a la tragedia política. Song Kang-ho es querible porque puede combinar imágenes de mediocridad con imágenes de grandeza. Es un actor al que se lo puede aprovechar en muchos niveles. También está The Drug King, donde lo convierten en una especie de Tony Montana coreano. La película no vale mucho la pena, pero verlo a él es todo.

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