5 jul 2022

The Ward

Hilo de Twitter: https://twitter.com/marianomorita/status/1492950011692343303

John Carpenter, 2010

Nuestra heroína, Kristen, aparece como salida de ese primer cristal roto al comienzo de la película. Kristen sabe de ella misma casi lo mismo que sabemos nosotros de ella, es de esos personajes que nacen pegados a uno. Su existencia es el metraje de la película.

Dos cosas conocemos de ella: una situación traumática ocurrida en una casa que Kristen tiene la imperiosa necesidad de quemar, y sus furiosas patadas de resistencia a los policías que la arrestan para llevarla al psiquiátrico.

Allí conoce(mos) a 4 mujeres más, todas con personalidades distintas, ya acostumbradas a vivir ahi bajo las reglas del lugar. Hay una que nunca vimos, dicen que se llama Alice. Alice se les presentará como un monstruo que las quiere matar una por una.

Como dije, revelo el final. Es inevitable porque de ahi se desprende la paradoja más terrible de la película. La revelación es que Kristen "no existe", Alice es la unica joven que existe y sufre de trastorno de personalidad múltiple luego de una horrible violación en cautiverio.

Contrario a lo que hacen la cantidad inmensa de películas que se intentó igualar erróneamente a The Ward, Carpenter hace de una de las personalidades "falsas" a la protagonista y heroína de su película. Se ocupa de uno de los "cristales".

Lo que tenemos es una situación en donde curiosamente vemos MÁS VERDAD en alguien que no existe, que en alguien que sí, la verdadera chica que está siendo tratada en el hospital. ¿Por qué? Para pensar en eso hay que conectar con Kristen y partir de ahi.

Iris es la lente que le da forma a todas, aunque sea desde el dibujo. Emily propicia un marco de locura, y confronta con Sarah, que es pura apariencia. Zoey es la niña que requiere protección. Kristen: la única capaz de encarar las situaciones enfrentándolas.

Reviendo las primeras escenas notamos que la situación real es el personal del hospital asimilando que apareció una personalidad nueva en Alice, una que se rehusa a respetar las reglas, y a la que hay que temerle.

Si todas las personalidades eran respuestas represivas ante la asimilación de los hechos traumáticos, Kristen debería ser también una respuesta. De todos los "cristales" Kristen es el espejo rebelde de Alice, el que busca vengar el asunto.

Recordemos la sensación de catársis en Kristen cuando quema la casa. Es una necesidad para ella tanto eso como resistir a la autoridad de la clínica, con el constante doble sentido del guardia. La primera vez que lo vemos el concepto de "violación" flota, fuera de campo.

Porque si Kristen y las demás chicas son dobles de Alice, el guardia y su imponencia puede también ser el doble del violador, en otra situación de encierro, "oficial", controlada, donde en nombre de la medicina se manipula física y psicológicamente a los pacientes.

Pero hay una parte más oscura, más que sutil en la película pero certera, que es el origen de lo monstruoso. Si alguna tapó lo sucedido u otra se aniñó para preservar su inocencia, la versión monstruosa es siempre la parte negada: el disfrute de la violación, el Mal.

El disfrute siniestro, que tiene a la cámara de cine como principal partícipe, está en Alice. Avanzando fantasmal por los pasillos mientras las chicas jóvenes bailan o se duchan todas juntas, encerradas. Ahi Carpenter vincula la presencia de su cámara con el cine de explotación.

El "crimen común" de las chicas fue liquidar a esa Alice real, que como en cualquier trama carpenteriana, como podría ser en The Fog, regresa de forma monstruosa. Para los médicos, Alice está perdida, iterando entre avatares falsos, y buscan recuperarla.

Lo curioso es que el Dr. Stringer realmente cree que está haciendo el bien, sin ver lo que nosotros ya comprendemos, y es que el sujeto por excelencia es Kristen. Y Alice... "Alice era mala". Vuelve la oposición entre lo racional y lo sagrado. Para Carpenter existe ese Mal.

Esa es la separación fundamental entre cualquier película de explotación y una que se anima a contemplar el problema: la posibilidad de disfrute del Mal. Carpenter arma una película de explotación de chicas encerradas para incorporarnos activamente a esa reflexión.

Al igual que en Halloween, la presencia maligna aparece en los momentos de relajación, de baja de guardia, los momentos que rozan al voyeurismo pornográfico. Y Kristen será protectora de Zoey de la misma manera que Laurie Strode lo hace con los niños.

Esto no lo voy a desarrollar, pero habría que prestarle atención a cómo se ejecuta cada muerte, y encontrar la relación con la esencia de cada personaje. Ejemplos: la muerte de Iris con el pinche en el ojo, la de Sarah con el rostro quemado.

La de Zoey, fuera de campo, es tal vez el mismo fuera de campo pudoroso incapaz de regalarlos la escena completa del flashback. Cuidar a Zoey es un imperativo de la película.

Como espectadores le creemos a Kristen y la acompañamos mientras se convierte en una Sarah Connor incansable, porque todo lo que Kristen ve está apoyado por la entidad corpórea que la película de Carpenter le da a ese territorio mental de la "locura".

"Si sos el único cuerdo vas a estar en una celda preguntándote qué le pasó al mundo". El planteo de En la Boca del Miedo vuelve. Así procede The Ward, donde tiene más sentido la visión del "loco", quizás porque del otro lado hay una ciencia que olvidó lo que es el Mal.

La misión de Stringer es la eliminación de Kristen para recuperar a Alice, y lo escalofriante es que lo logre. Así se lleva a Kristen al otro lado del espejo, a lo que podría ser el territorio del Príncipe de las Tinieblas.

The Ward es una de las películas más terribles de Carpenter en ese sentido. La que queda en el plano diabólico, esperando cobrar venganza, es aquella que nos demostró su heroísmo. Es el Bien, expulsado del mundo.

Además no es casual que una película sobre mujeres segmentadas en categorías suceda en los 60s. Carpenter apunta directo a mostrar el lado oscuro del liberalismo cultural: su parte manufacturada a costas de la eliminación del potencial verdaderamente subversivo.

Volver a ver The Ward ya horroriza desde el principio. Hasta los cristales rompiéndose duelen, y es una película fantástica por excelencia porque es una donde la manipulación científica no hace otra cosa que destruir almas.

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