17 jul. 2021

Peninsula

Yeon Sang-ho, 2020 (Publicada en A Sala Llena)

Peninsula comienza con una escena que parece marcar el camino que el film va a seguir, y se trata de una toma de decisión: la familia que trata de llegar en auto al barco de refugiados es interceptada en el camino por otra que pide ayuda desesperada. El protagonista, Jung-seok, soldado responsable del arreglo que les dio un lugar a él y a sus parientes en el barco, se niega incluso a tomar a la niña más pequeña. Más adelante, como si se tratara de un precio a pagar, los pasajeros del barco se infectan y se ve obligado a abandonar a todos. El panorama es oscuro, porque a diferencia de Train to Busan, donde el padre de la niña muere en un acto de sacrificio, Peninsula nos hace acompañar a un sobreviviente que fue incapaz de lograr ningún tipo de entrega. Corea ya no es un país sino simplemente una península librada a su autodestrucción, en un intento de acercarse al universo de Escape de Nueva York con la ciudad devenida en prisión.

JEONJU IFF: The Rain Comes Soon

Bong Soo Ko, 2020 (Publicada en A Sala Llena)

La 22ª edición del festival surcoreano de la ciudad de Jeonju, que tiene sus funciones tanto online como presenciales, cuenta con una cuota de novedad y es que una buena parte de las películas de su programación ya están contemplando a la crisis del COVID-19 dentro de la ficción. En el oeste se nos habla de la excepcionalidad de los países asiáticos en materia de controles eficaces contra la pandemia, tal vez ellos sean los primeros en mostrarse capaces de adaptarse (o soportar) eso que algunos llaman “nueva normalidad”. Si esta implica aceptar a personajes con el rostro tapado por barbijos durante toda una película esto se evidenciaría en este festival, que además de tener varias películas que transcurren durante la pandemia en el panorama y la competencia, cuenta también con una sección específica dedicada al tema.

12 jul. 2021

A Quiet Place Part II

John Krasinski, 2020 (Publicada en A Sala Llena)

La segunda entrega de A Quiet Place empieza con un flashback. Estamos en el “día 1”, minutos antes de la catástrofe, y la familia Abbott disfruta de la tarde en el pueblo, asistiendo al partido de béisbol de uno de sus hijos. La secuencia viene a recordarnos el elemento fundamental de este universo, que es el  funcionamiento de la familia. Si algo nos queda resonando en la memoria va a ser esto, porque ambos films giran en torno a este núcleo. La familia Abbott está muy lejos de ser uno de esos grupos, ahora tan comunes, de personajes sobreviviendo al Apocalipsis desde un sentimiento individualista de supervivencia. Por el contrario, de su unidad depende el futuro de la humanidad y se vuelve esencial poder acceder a su carácter conjunto. Así lo vamos a poder encontrar en esta escena, de cuando todos aún vivían. El partido es un juego, tiene sus reglas y sus señas, pero la familia tiene acá sus otros propios códigos. Marcus, desde el partido, está nervioso, inseguro de si podrá batear bien, y allí es cuando el juego se expande, incorporando a un juego segundo. Evelyn, su madre, puede también participar, tranquilizando a su hijo desde el público porque como ya sabemos, los Abbott, en algún momento de su vida tuvieron que, todos juntos, aprender lenguaje de señas, ese es su primer factor de unión: encontrar maneras de sobrellevar la discapacidad de Regan, su hija mayor, y continuar viviendo. Aún cuando no es estrictamente necesario, aunque se trate del padre llegando tarde al partido y su esposa señalándole el reloj con el dedo, el lenguaje de señas es una constante, insistentemente marcada desde la puesta. No es gratuito, hay algo que los hace especiales, y en esto, que es cine, no pasa tanto por los gestos en sí, sino por lo que implica ese silencio: la mirada.

11 jul. 2021

Sólo los ángeles tienen alas

Simplemente un momento de Sólo los ángeles tienen alas que, como todos los otros momentos, concentra a la película entera. Bonnie se despide de Sparks, otro de los fieles pilotos de Geoff. Todo el diálogo es en susurros tímidos porque en ese mundo, y en todo Hawks, la palabra dice demasiado. La palabra revela una voluntad que puede ser un desborde tremendo, y en Barranca se necesitan personas capaces de contenerse, de permanecer tan firmes ante las emociones como ante el peligro. El universo moral de Hawks vive en el territorio de los actos, pero Sparks, en uno de nobleza, lealtad y amor puro, habla. No sólo dice: repite y sostiene, aunque sea desde el susurro. Es una pequeña excepción, un regalo casi angelical. Al final, cuando Bonnie atraviese esa puerta, ya no se necesitarán las palabras. Es la imagen de un hombre quebrado y el juego con una moneda lo que nos va a revelar que el desborde está ahí, que siempre va a estar. Hay que aprender a vivir con él.


hit counter