11 jun. 2020

Diario de películas

Algunas breves notas sobre películas vistas en cuarentena.



Murder is my Beat (Edgar G. Ulmer, 1955)

Es una película principalmente detectivesca, pero su mayor intensidad está en un corrimiento de las averiguaciones y deducciones, por más que las tenga. Es más una película sobre miradas que se encuentran y se reconocen, instantes donde a raiz de haber visto o entendido algo, no se puede volver más atrás. El encuentro de la pareja y la fe en la inocencia de la mujer generan un compromiso en el detective. Esto deviene en enamoramiento, y en una serie de secuencias donde ya parecieran estar viviendo una vida matrimonial. A su vez esta noción de reconocimiento alcanza al detective compañero, luego de pelearse se miran a los ojos y se reconocen. Tampoco hay vuelta atrás para él. La resolución del caso deja de ser particular para convertirse en una cuestión de amplitud universal. Me encontré pensando en True Detective y en la entrega completa de sus personajes.



Hold Back the Dawn (Mitchell Leisen, 1941)

Totalmente inusual y extraordinaria. La película es el flashback de su protagonista contándole la historia a un director interpretado por el propio Mitchell Leisen, en un estudio de la Paramount. Hasta aparece brevemente Veronica Lake haciendo de ella misma. La historia es la de un húngaro que quiere ingresar a los EE.UU. pero queda varado en la frontera de México. Él es un seductor casi profesional, un timador, y su objetivo es casarse con Olivia de Havilland para asegurarse la entrada. La situación se complica para él y su plan, porque cada cosa que les sucede le añade cada vez más y más peso simbólico a la pareja, y él se va dando cuenta. Es una avalancha de legitimación espiritual que no sabe cómo frenar, pero que no debe frenar. Nada de lo que sucede está en el orden de lo fantástico, pero a la vez lo está, por eso su corrida a Los Ángeles para llevar su historia a la Paramount se siente tan coherente, a pesar de ser un giro sorpresivo en el relato.



Artists and Models y The Disorderly Orderly (Frank Tashlin, 1956 y 1964)

"Try too hard", una frase que se repite constantemente en The Disorderly Orderly, podría ser la definición del comportamiento cómico de los personajes de Jerry Lewis. Ese estilo o forma de actuar se va expandiendo por las películas como un dominó, de un solo acto se generaran múltiples consecuencias, como el desastre con las latas del supermercado en The Disorderly Orderly, pero también el tono general del personaje puede llegar a caracterizar a otros, como al de Shirley McLane en Artists and Models. En estas dos películas se repite otro aspecto de sus personajes, y es que aunque por momentos parezca completamente alejado de la realidad, en cuestiones del amor se convierte en una persona tremendamente sensata y consciente. Me refiero a los momentos donde es besado por una chica y se detiene a pensar si realmente le gusta. En las dos películas el personaje de Lewis analiza el "sabor" que el beso le deja, y entiende que no está enamorado. "Debería ser como el 4 de julio, lleno de explosiones y fuegos artificiales".



Manhandled y Stage Struck (Allan Dwan, 1924 y 1925)

En estos dos melodramas de Allan Dwan, Gloria Swanson es también una figura cómica, por momentos hasta cercana al slapstick, a punto tal que a la primera escena de Manhandled se la podría pensar como una tempranísima antecesora de la secuencia de Elaine en el episodio del subte de Seinfeld. En materia de cine pensé en Buster Keaton, pero la comparación no sería nada exacta. En Keaton, el personaje suele estar motivado por el amor, y la comedia surge del sorteamiento de los complicados obstáculos que aparecen en el camino (el ejemplo perfecto sería The General). En estas dos películas Gloria Swanson es también el último orejón del tarro, pero su objetivo es uno que desde el principio sabemos ilusorio. En Manhandled va pasando de jefe a jefe con un sueño de ascenso que de entrada entendemos como sujeto a otras intenciones de los hombres, y en Stage Struck toda su vocación por ser actriz ya tiene elementos paródicos desde la primera escena. Las actrices aparecen como una fachada de superficialidad. La comedia surge con un tono más melancólico, hay tropiezos, frustraciones, ensayos fallidos, equivocaciones, tal vez al notar o caer en la idea de que es una aspiración trunca. Sus personajes no carecen de gracia y ternura, y si bien los resultados no son los esperados, son justos.


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