9 ago. 2020

Diario de películas (6)

Algunas brevísimas notas bastante caprichosas y mezcladas de mi Letterboxd, sobre revisiones y más. Buenas, geniales, malas y terribles.


River of No Return (Otto Preminger, 1954)
Una de las sensaciones más hermosamente contradictorias que vi en una película está en el climax de esta, en el momento en el que vemos la cara de hijo de Mitchum, con la escopeta en mano, tratando de racionalizar el acto instintivo que acaba de cometer.

Rio Bravo (Howard Hawks, 1959)
No se puede decir mucho más de lo que ya se dijo de incontables formas otras veces, pero siempre hay que volver a Rio Bravo, porque de alguna manera es lo más cercano que hay a un paraíso del cine, cuyo punto más alto es el lugar de mayor simpleza, y donde el propio cine casi no existe: es la marca de un director que privilegia, ante todo, la mirada, antes de la cámara, antes de cualquier adorno, incluso, paradójicamente, antes de cualquier marca. Si miramos con atención encontramos la maravilla de su artesanía, pero la aventura y la valentía están por sobre todas las cosas. Las peripecias de Chance, Dude, Stumpy, Colorado y Feathers son el fundamento más perfecto de lo que deberíamos ser como personas, y volver a la película es volver a encontrarnos con ese grupo de amigos nuestros que son una clase magistral de su propia existencia. Rio Bravo está, junto a otras obras maestras, en ese hermoso grupo de películas que nos enseñan a vivir.

Primavera temprana (Yasujiro Ozu, 1956)
Por algún motivo siempre fue mi película favorita de Ozu. Es algo diferente a sus más conocidas tal vez por el hecho de centrarse casi únicamente en personajes jóvenes, ya totalmente insertos en el Japón del "milagro económico", pero aún así se las arregla para desarrollar esa mirada que le es tan característica, la de un viraje hacia lo moderno que choca con una tradición anterior. En este caso, la pareja protagonista corre el peligro de perderse en los vaivenes de relaciones amorosas ligeras. La infidelidad no está vista como una traición cualquiera, sino como un hecho trágico que termina resolviendose necesariamente en las afueras de Tokio, donde el paisaje ya no son las miles de ventanas de los edificios o la estación de tren atiborrada, sino un solo tren lejano que pasa entre el humo de algunas chimeneas.


Rainy Dog (Takashi Miike, 1997)
Lo mejor del primer Miike. Yakuzas y mafia de Taipei, pero sobre todo una historia de hombres que matan a padres frente a sus hijos, para luego ser una historia de hijos que ven morir a sus padres, o de perros desgraciados que se quedan sin un dueño a quién seguir.

Drug War (Johnnie To, 2013)
Entre lo mejor de Johnnie To, Drug War es la French Connection de China. Repleta de usos del doble y roles, pero sobre todo, una película espectacular sobre una traición que lleva a la unión entre un polícia y un criminal hasta las últimas conscuencias. Ese momento climático con los dos unidos por las esposas, donde uno se ve obligado a arrastrar al otro, es la síntesis de un relato en el que todos pueden ser todos, sin aparente limitación, hasta que llega la droga de la pena de muerte. To arma un contexto donde las identidades se cruzan de la misma manera que la droga se integra al sistema.

Shield of Straw (Takashi Miike, 2013)
Muchos lamentan que Miike ya no haga tan seguido esas películas extrañas y pesadillezcas que hacía a principios de la década pasada. Lamentan que su inserción casi completa en la maquinaria industrial del cine japonés le pueda haber quitado algo de la sorpresa y repulsión que podían generar algunas de sus imágenes. Pero Shield of Straw es la película que mejor justifica ese viraje a un cine de mayor presupuesto y audiencias más amplias. Esta podría ser una variante hipermoderna del Tren de las 3.10 a Yuma, y es un western urbano de la re concha de tu madre. Disculpen el exabrupto.

John Wick (Chad Stahelski, 2014)
Esta película no está mal. Pero se nota que claramente esta recontra "hypeada" por todo el mambo con el perrito. Por culpa de ese aspecto descuida cosas que la podrían hacer mucho mejor, por ejemplo el tema del padre villano. Sabemos que el "hijo de mafioso que no aprendió nada de códigos" es un arquetipo muy útil, pero contraponelo a algo. Si el padre, que parece tener algo de honor entrega a su hijo a que lo maten, no hay contraposición posible, y todos tus villanos son sólo basura. Dejan de interesar. Se vuelven sólo gente rara de traje que habla en ruso y que es mala porque "cómo se atreven a matar al perrito de Keanu Reeves". Es material para memes. Devalúa al conflicto, y devalúa al héroe.


Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019)
Idea para película: niño de 10 años, hijo de intelectuales, se obsesiona con Cahiers du Cinéma. Tal es así que tiene un amigo imaginario, Serge Daney con SIDA, que le dice que todo es abyecto. Pero no la voy a filmar porque es casi tan estúpida y pasada de época como Jojo Rabbit.

The Nightingale (Jennifer Kent, 2018)
Pelicula de tema cantado, falsamente tradicional, forzado y complaciente, aunque sólo en términos racionales, porque se trata de una combinación de golpes bajos pero con respuestas anti catárticas. Inusual que esté tan claro ese aspecto castrador. Tiene al villano menos interesante que veo en mucho tiempo, y ni siquiera logramos que lo castren a él. La subjetiva de la violada moviéndose con cada coito es maestría en inmersión, inmersión de la película en nuestro orto.

VFW (Joe Begos, 2019)
Parecida a Green Room pero roja en lugar de verde. Para algunos el cine de Carpenter es una excusa para iluminar una carnicería con luces de neón.

First Love (Takashi Miike, 2019)
Miike formalmente en modo 2000's, pero con la solidez narrativa de su última etapa. Haber vistado Tokio hace poco me dio el poder de reconocer e incluso sentir familiares a las calles de Shinjuku, que filma con mucha fidelidad. Pero a la vez, como es Miike, se revela toda una dimensión desconocida, de personajes totalmente ajenos al devenir hipermodernizado de Japón. Intuyo que a Miike le debe aburrir muchísimo la monotonía de los transeúntes que yo vi. La gente que le interesa es la que puede tener simultáneamente en contra a los yakuzas, a la mafia china y a la policía.


3 From Hell (Rob Zombie, 2019)
Esto es Rob Zombie tratando de hacer lo mismo que hizo en Devil's Rejects pero más en clave anecdótica que cinematográfica. Hay una estructura similar con la huida, la deriva, el caos y la lucha final, que en la anterior estaba organizado con problemas de identificación: por un lado ellos, por otro el sheriff vicioso. Así es como Devil's Rejects era incómoda, 3 From Hell tendrá secuencias replicadas, pero organizadas simplemente una detrás de la otra de forma complaciente, porque es más un despliegue estilístico juguetón que otra cosa, con momentos más o menos entretenidos. Toda su pretendida unión con el universo de los asesinatos del clan Manson (más que nada al principio), parece haber quedado vieja al lado de la paliza que les da Brad Pitt al final de la última película de Tarantino.

Ready or Not (Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett, 2019)
Vacía y canchera. Lo único que tiene para contar (o decir) es que los ricos son malos y pactan con el diablo. Pero como malignos dejan mucho que desear porque ni ellos se lo terminan de creer. Así que más que ricos malos son ricos boludos. Enemigo aburrido. Cerca del final son notorias las ganas del director de copiar planos de Carrie. Pero en vez de sacrificio y tragedia, la top model que protagoniza la película se fuma un triunfante cigarrillo. Película ideal para ver hoy y olvidar mañana.

Knives Out (Rian Johnson, 2019)
Thriller cómico que podría andar cerca del mundo de John Landis, pero que parece visto desde lejos, con personajes poco atractivos y que dicen mucho lo que piensan. El guión funciona bien en su mecánica, pero quizás todo sea una cuestión de mecánica.

The Stunt Double (Damien Chazelle, 2020)
Chazelle tiene un modus operandi claro: todo lo que puede ser bello se vuelve una historia resentida, de resentidos logrando lo que quieren.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario