28 may. 2020

Pasión de los fuertes


John Ford, 1946

My Darling Clementine fue traducida al español como Pasión de los fuertes y no me parece un título nada desatinado, además del hecho de que el original parece vincularse mucho más a la canción que al personaje de Cathy Downs. En la película hay una disputa constante entre los personajes de Henry Fonda y Victor Mature.

El sheriff es una figura de autoridad pero como bien sabemos esto no necesariamente se debe a la estrella que brilla sobre su ropa, sino a la valentía y la capacidad de imponer orden. Son incontables los westerns de sheriffs inoperantes y cariturescos, obviamente depende siempre de la película, la trama y sus circunstancias. Es otra forma de decir que, por ejemplo, un sheriff no tiene nada que hacer si en ese pueblo vive alguien interpretado por John Wayne... El lugar de autoridad puede ser tomado por cualquier hombre capaz de honrarlo, aunque sea alguien de dudosa moralidad o incluso completamente alejado de la ley. Ese sería el caso de Victor Mature, "Doc Halliday", que es médico, pero que tras su profesión casi abandonada parece haber rasgos de oscuridad. Él es la autoridad en Tombstone, y la persona que logra silenciar a un bar entero con solo entrar.

Wyatt Earp (Henry Fonda) llega con la estrella en su ropa, es el nuevo sheriff, y a pesar de su semblante más amable, es un hombre que demuestra constantemente la capacidad y la sensatez para ordenar. Obviamente tiene motivos, ya que una banda de ganaderos liderados por Walter Brennan no solo le robó todas las vacas, también mataron a su hermano por la espalda. Acá no se trata simplemente de oponer a Earp y a Doc por contrastes de actitudes, porque los dos son este tipo de hombre aunque uno tenga una apariencia más luminosa que el otro. Cuando Earp llega se encuentra con un pueblo cuya figura de autoridad es este oscuro médico.


Una de las escenas más geniales de la película se da justamente cuando se encuentran por primera vez en el bar, totalmente organizada a partir de la esquina de la barra, donde se sientan a conocerse. Atrás el pueblo está en silencio, tenso y alerta, como si el tiempo se hubiera detenido. Los dos hombres fuertes comienzan a estudiarse y entenderse, como si implícitamente estuvieran sellando pactos.

Cuando Doc invita a Earp a tomarse un champagne la tensión crece, porque Earp prefiere whisky, y cuando el barman, atento al pedido del nuevo sheriff, atina a servirlo, Doc agarra los vasos y los tira. Le marca el territorio: usted es mi invitado, le dice, y tomará champagne. Así Doc sostiene su lugar. Luego de estudiarle el rostro un poco más, Earp, sin dejar de mirar a Doc, le dice al barman: champagne será entonces. Doc acepta, el barman acepta. Earp acaba de ceder a esa manifestación con altura.

Los músicos, que estaban pendientes como todos los demás, se dirigen inmeditamente a la zona del piano para reanudar sus melodías, como si declararan el fin de esta momentánea suspensión, aunque ahora tocan sin dejar de prestarle atención a lo que pasa. Es como si hubiesen estado esperando la confirmación de que las cosas siguen como antes, de que nadie le quitó a Doc su lugar, aunque evidentemente la llegada de Earp se hizo sentir, y esa autoridad adquirió una forma distinta, ahora doble.




La puesta en escena que gira en torno a la barra es extraordinaria, porque le permite a Ford trabajar con las relaciones de ida y vuelta entre el pueblo y sus figuras de autoridad. Durante toda la película los pobladores de Tombstone parecer estar siempre en grupo y en los alrededores, ellos son una comunidad totalmente dispuesta a vivir la vida en sociedad, bebiendo, apostando o yendo a la iglesia un domingo, pero siempre atenta a los hombres que se supone que los cuidan.

Podría decirse, en un juego de interdependencias, que el pueblo necesita del sheriff de la misma forma que el sheriff necesita de su pueblo, y agregar, porque para eso la película entra en conflicto, que por eso mismo los hombres fuertes se verán obligados a saldar lo que se disputan. En este caso es tanto Clementine, como el destino de Linda Darnell, o el enfrentamiento con Walter Brennan, que además de ser el villano, es el padre y la figura de autoridad de sus cuatro hijos criminales.

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