2 oct. 2019

Inazuma (Relámpago)

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Mikio Naruse, 1952

Inazuma es un clásico shōshimin-eiga de mujeres, el género japonés de conflictos familiares y cotidianos en el que también se destacó Yasujiro Ozu. Hideko Takamine interpreta a Kiyoko, una joven con dos hermanas y un hermano. Los cuatro son hijos de la misma madre pero de distintos padres, todos ausentes o muertos, lo cual ya de entrada nos obliga a indagar más entre sus vínculos. Kiyoko trabaja haciendo de guía turística en un micro que pasea por la ciudad de Tokio, pero sobre ella ejercen constantemente la presión del matrimonio.
Contantemente aparece la sombra del fracaso. La madre (Kumeko Urabe) es la que los reune a todos, pero al mismo tiempo es una imagen inevitable de ese mismo fracaso por su evidente soledad. Al mismo tiempo, Kiyoko comienza a proyectarse en la joven huesped que les alquila un cuarto, que estudia, lee y escucha música. Es culta, libre, no se preocupa por casarse. Cuando muere uno de sus cuñados, la pensión de su hermana mayor causa un revuelo en la familia. De repente todos necesitan el dinero, lo cual los lleva también a conocer a una amante del difunto que, además, trae un bebé al que alimentar.

Alrededor de Kiyoko empiezan a aparecer nuevas imágenes del fracaso y tensiones oscuras. Ella comienza a verse como un centro sobre el que todos hacen cosas, como los repetidos intentos de que se case con el dueño de la panadería, que parece tener dinero pero es una persona totalmente desagradable. Kiyoko decide escapar del hogar y alquilar una habitación en otro pueblo, donde todo parece hermoso y libre: una amable señora que hace muñecas artesanales le prepara el mejor soba, tiene un cuarto con una gran vista y además, conoce a un encantador vecino, que ayuda a su hermana menor en los quehaceres del hogar.

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Si bien este tipo de películas siempre contaron con gran economía de recursos visuales (aunque las de Ozu tienen sus marcas estéticas específicas), en Inazuma hay un momento de pura espectación que es fundamental para la historia. Todo parece cerrar en la vida de Kiyoko, pero una noche lluviosa recibe la visita de su madre. En ese momento el relato de felicidad recibe a su contrapartida, ya que la madre es ahora la que carga y continuará cargando el peso de los fracasos. Kiyoko no se quiere responsabilizar, pero el llanto de su madre se hace cada vez más intenso. En ese preciso momento, Kiyoko, posada sobre la misma ventana sobre la que puede mirar a su encantador vecino, nota al primer relámpago en el cielo. Es simplemente eso, pero al mismo tiempo pareciera encarnar al llanto de su madre. Por unos instantes se queda perpleja, viendo como los rayos aparecen sobre la imagen de las casas del pueblo.

Algo de lo que Kiyoko ve parece decirle que necesita acercarse a su madre, y Kiyoko acata. Ese momento de unión es único, tal vez por estar atravesado por la imagen anterior, la lluvia, la tormenta, y el hecho de que se acerca el calor. La madre de Kiyoko anda por todos lados abrigada porque no puede comprarse ropa de verano, pero ahora su hija la invita a comprar algo con lo que queda del sueldo. Así como la lluvia parece trágica, anuncia también la llegada del verano. Y aparece también lo que siempre estuvo fuera de campo, cuando la madre mira una tapa que parece una medalla, Kiyoko dice: "mamá, vi las medallas de papá", a lo que contesta "tu padre era un buen hombre".

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