14 abr. 2020

Tampopo

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Juzo Itami, 1985

Se la promociona como un "western de ramen". No encuentro justificativo más allá del sombrero de cowboy que lleva uno de los protagonistas. Se trata más de una gran oda a la comida como un elemento fundamental y protagónico en la sociedad japonesa, pero más ampliamente, una reflexión de la comida y su cultura como una parte escencial de lo humano. Aparte de la historia central sobre Tampopo, la mujer que intenta hacer el ramen perfecto, aparecen lateralmente toda una serie de relatos cruzados que atraviesan a todas las clases sociales. La imagen final, sobre la que pasan los créditos, podría ser una síntesis, el bebé tomando de la teta de la madre, la primera de todas las comidas.

En el medio, una historia sobre la contradicción de los dulces, otra sobre el sonido que se hace cuando se comen los fideos, o las recetas y un posible problema moral, pero todo girando alrededor del placer de comer y su función. Una de las secuencias más maravillosas de esta película sucede cuando los personajes recurren a un viejo maestro que devino en linyera, y que armó una comunidad en los márgenes, poblada de sujetos caidos en la desdicha (y seguramente el hambre) pero que mantienen una relación sentida con el arte de comer. Hay una escena de suspenso que gira alrededor de dos personajes metiéndose a escondidas a la cocina de un restaurante para hacerle un plato a un niño, porque para Tampopo, comer también puede ser una aventura, y el momento final con los personajes tomando hasta la última gota del caldo es un triunfo cargado de epicidad. Quizás haya algo de western ahí, porque al final del día, lo que se ve en esa barra es el surgimiento de una comunidad, aunque esta esté erigida en sopa.

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Hay también una política de cómo filmar la comida, sus detalles, sus maneras. Es una historia pero al mismo tiempo son las instrucciones de cómo comer, hasta de cómo mirar a la comida, aún tratándose de platos rápidos, asociados más a la urgencia de alimentarse que a la alta cultura. Tampopo va todo el tiempo pasando de lo bajo a lo alto y de lo alto a lo bajo. En ese sentido, el canto de despedida que los linyeras le hacen a su maestro, cuando este va a partir de la comunidad para ayudar al  local de la protagonista, es de las escenas más ejemplares. El canto es perfecto, tiene un pequeño shock cómico al principio, pero deviene en un momento hermoso, en el que sólo importa, porque así se refleja, la verdad de ese amor por el alimento.

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