16 abr. 2020

The World is Full of Secrets

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Graham Swon, 2018

Estamos en los 90's y en un pijama party de chicas adolescentes, con el nivel de intimidad que existía previo a la llegada de las comunicaciones vía internet, un espacio cerrado al exterior y propicio para el surgimiento de historias de todo tipo. Lo primero que llama la atención son esos fundidos encadenados que duran tanto que sugieren un tercer plano posible entre los dos que se yuxtaponen, y que convierten a la superficie de la película en una cuestión plástica. Se le suma la elección del ratio en 4:3 y la insistencia constante en los detalles nostálgicos. En un determinado plano, el protagonista no es el personaje que habla por teléfono sino el acolchado de su cama y el entramado de flores, en otro momento es el modelo del microondas, y así sucede con varios otros objetos.

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Pese a la frivolidad estética, la película se abre también a las historias que cuentan las chicas, que son relatadas con la frialdad testimonial de primeros planos que superan los veinte minutos de duración, pero que paradójicamente permiten armar una suerte de narración literaria dentro de la película, llegando a un punto en el que esa especie de política formal imponente se desvanece y nos sumergimos en los hechos del cuento. Los dos momentos principales de la película son relatos, que juntos proponen una dialéctica entre sus respectivos planos.

En ambos casos la magia narrativa puede ser ficcional o tomada prestada de la realidad, no es importante definirlo porque, para el tinte oscuro que una historia de pijama party requiere, la distinción es irrelevante. La historia puede venir de un relato de boca en boca, de un recorte de diario o de una película y lo que importa es el impacto en la curiosidad de los personajes. Además la película hace grandes esfuerzos para jugar a la indeterminación al ser narrada como si se tratara de un misterioso flashback con la voz en off de una de las chicas, y cuyo tono de voz parece el de una persona muy mayor para que sintamos que nos encontramos en nuestro presente actual. Así como el origen de los cuentos es de una realidad relativa, también lo es la totalidad de la película y su experiencia.

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Una de estas dos historias (aunque en total hay cuatro) es la primera que recurre al plano largo, y es la historia de una pasión, de una mujer en la Edad Media que es condenada a la muerte por no querer renunciar a su fe, y que es denigrada y torturada públicamente. El nivel del detalle es efectivo a la hora de generar rechazo porque entrar en la lógica del cuento es identificarse con el sufrimiento y la agonía. El primer plano además ayuda porque las expresiones de la chica son las de alguien que imagina.

La segunda historia en cuestión es la del grupo de chicas que terminan asesinando a una compañera, y si bien la dureza formal es la misma, se puede pensar que hay otra dimensión del primer plano que está siendo explorada. La diferencia central no está simplemente en que ahora ocurre en el presente de los personajes, sino que hay un cambio deliberado y radical en el punto de vista. Si el primer relato se prestaba a la compasión por identificación, el segundo propone complicidad. El punto de vista no es el de la víctima sino el de los verdugos, y el primer plano de la chica, que acentúa cada detalle escabroso, impone una mirada de cierto morbo y disfrute, es conocer el rechazo pero a su vez querer superarlo para ver más. Imagina, pero también sugiere, invita a mirar el pequeño espectáculo.

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La segunda historia incluye un personaje que duda de los actos malignos, se llama Faith, como si el relato incorporara a una nueva versión ficcional de la niña que cuenta a la primera. Ella misma es la que luego es incapaz de superar las imagenes que la segunda historia puso en su cabeza. Durante esa noche ocurren otras cosas también, como un juego con un espejo y la escalera, el film de Swon se permite ilustrarse con elementos fantásticos, y en el espejo aparece una calavera que anuncia la muerte.

De alguna manera la condena final es consecuencia de este recorrido por los cuentos, donde pasamos de una forma de conectar con los relatos casi como una necesidad humana, a nuestra posibilidad de regodearnos, de incorporar al mal en nuestra forma de mirar y contar. Quizás esta suma sea el arco de ese cuento más amplio que es la totalidad del film, también de dudosa procedencia, en un borde extraño entre lo real y lo fantástico. Primariamente es una película experimental, donde lo protagónico es un juego formal y una dinámica plástica propia del autor. Desde nuestro buen o mal gusto somos libres de responder al juego o rechazarlo, pero desde lo que concierne a la mirada tenemos también un recorrido que además de sensible es, por momentos, trágico.

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